(English translation follows) Durante años llevamos adelante el proyecto de formación de universitarios que son becados desde la misión. Pero nunca en estos años nos habíamos detenido a reunir a los jóvenes que quedan en las comunidades y no salen a la ciudad de La Paz o El Alto. Estos jóvenes asisten a las celebraciones que tenemos en cada una de sus comunidades pero meramente se limitan a la celebración en la eucaristía. Desde un mirar más allá pensamos que ellos son el futuro de la misión, no sólo por ser jóvenes sino porque en un futuro cercano serán los líderes de sus comunidades y líderes parroquiales, ya que la misión basa buena parte de su apoyo en la labor desinteresada que realizan los catequistas en sus comunidades. La parroquia de San Pedro de Mocomoco cuenta con cincuenta y tres comunidades, imposible realizar un seguimiento continuado.

El primer fin de semana de agosto se convocó en la parroquia a esos jóvenes más cercanos que hay en las comunidades, la asistencia fue muy positiva, cincuenta y uno, y eso que no se preparó a conciencia la convocatoria, sino que era probar a ver que tal iba a resultar. Los jóvenes no han sorprendido por su alegría, su atención y participación en todo lo programado, son como tierra sedienta de agua. Es una llamada de atención a que no podemos olvidarlos en el trabajo de la misión. Lo más positivo fue también la participación de los jóvenes universitarios que están el proyecto nayrar sarpaxañani (vamos adelante), pues ayudaron con la preparación y la ejecución del programa preparado para este encuentro.

En primer lugar se llevó a cabo las conocidas dinámicas para romper los miedos, para enseguida entrar en materia, tratando temas entorno a los aprendizajes vitales de contactar con Dios, a escuchar, a ser creativos eliminando los miedos que nos atenazan, y por último se trató el tema del compromiso que fue impartido por uno de los jóvenes universitarios.

Concluimos con la eucaristía en aymara, un lujo pues los jóvenes participan de una manera más activa que nuestros fieles de las comunidades, sencillamente porque muchos no saben leer, y no pueden ni siquiera contestar a las aclamaciones.

Han pedido que sigamos con estos encuentros, al menos uno cada tres meses. Lo primero que me viene a la mente es que “la mies es mucha y los obreros pocos”, Dios quiera que de entre estos jóvenes se encuentren estos obreros.

(por P. Diego J. Plá CM)

For years we’ve been conducting a formation project with university students supported by scholarships from our mission. But never in those years we had we brought together young people who remain in our communities and do not go to the city of La Paz or El Alto. These young people attend the celebrations we have in each of their communities but are limited to the celebration in the Eucharist. Looking beyond the present, we think they are the future of the mission, not only because they are young but because in the near future they will be the leaders of their communities and parish leaders, since much of the support for the mission is based on the selfless work performed by catechists in their communities. The parish of San Pedro de Mocomoco has fifty-three communities, and that makes continuous monitoring impossible.

The first weekend of August, the young people in nearby communities were called together. Attendance was very positive, fifty-one, without even thoroughly preparing the call. We were testing to see how things would turn out. We weren’t surprised by their joy and participation in everything that was scheduled; it was like water in a thirsty land! It was a wake up call indicating that we can not forget this work of the mission. Another really positive thing was the participation of university students who are involved in the formation project called “Nayrar sarpaxañani (Forward together!), who helped with the preparation and implementation of the program prepared for this meeting.

First thing on the agenda was a few dynamics to quickly breakdown fears so that we could get to the meat of the matter: addressing issues vital to the learning environment to connect with God: to listen, to be creative eliminating the fears that grip us. Finally, we addressed the issue of commitment that was given by one of the young university students.

We concluded with the Eucharist in Aymara, a luxury for us, because the young people participated more actively than is our experience in many of the communities, simply because many in them can not read, and can not even respond with the sung acclamations of the Mass.

They have asked that we continue with these meetings at least once every three months. The first thing that comes to mind is “The harvest is plentiful but the laborers are few.” God grant that among these young people we will find these workers.

(Translated loosely by me. Actually, I was happy all weekend, even though I look tired in the photo. +Tom Krafinski, C.M., would have been proud of the work done! This is posted as his wake is going on in Philadelphia.)

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